El Divorcio, una experiencia dolorosa

 

Por Cynthia Glen, Psicóloga M.Ps.

La mayoría de las personas que han pasado por un divorcio en su vida, lo reconocen como una experiencia dolorosa. Sin embargo, para algunos, ha sido la única salida o la mejor solución a un matrimonio que día a día produce aún más dolor y sufrimiento, no solo a ambos conyugues sino también a los hijos, e inclusive a veces, a los padres de cada miembro de la pareja.

El divorcio es doloroso por diversas razones. En primera instancia en una sociedad en la que se nos enseña diariamente la importancia de ser exitoso, el divorcio es vivenciado como un fracaso. No fui capaz de salir adelante, no fui capaz de tolerar, no puedo amar ni aceptar a otro o peor aún no soy lo suficientemente bueno(a) para merecer ser amado(a), etc.; son algunos de los mensajes o pensamientos que tiene una persona después de divorciarse. Por lo general está sensación suele ser reforzada por los hijos, quienes cuando no tienen claras las causas del divorcio de los padres, tienden o a culpabilizarse o a culpabilizar a uno de los padres. Algunos hijos se culpabilizan especialmente cuando son pequeños. Tienden a asociar los regaños de uno de los padres con su ausencia posterior. Es decir, por ejemplo el padre se queja de la desobediencia o indisciplina de la hija y tiempo después se produce el divorcio, la hija puede tender a creer que fue porque ella no fue “tan buena hija” como para poder retener a su papá. Esto también puede suceder aunque la relación entre el padre o la madre y los hijos sea excelente. Cuando los niños no logran comprender que fue lo que pasó entre sus padres, sin importar su comportamiento, ellos suelen sentirse culpables, aunque no tengan nada que ver con la decisión de divorcio.

A veces los padres no establecen un buen limite entre la relación de pareja y la relación padres – hijos. No se establece un buen límite, cuando los adultos no asumen una posición de seguridad y tratan de buscar alianza con uno o más hijos en asuntos sencillos o en las peleas o pleitos de pareja. Es decir, cuando el padre o la madre trata que el hijo o hija le dé la razón en el pleito. A veces uno de los dos logra convencer a los hijos de maltratar verbalmente a la pareja o simplemente se convierte en modelo a seguir. Todas estas situaciones convierten el divorcio en una herida que deja marcas no solo en la pareja sino en todos aquellos que son cercanos a ella, especialmente los hijos.

Por otra parte, la decisión de divorcio enfrenta a cada miembro de la pareja a un nuevo comenzar desconocido, lo cual genera ansiedad, duda o inquietud frente al reto de cambio de vida. Solo o sólo(a) y con hijos…¿encontraré una nueva pareja? ¿La próxima vez si tendré éxito? Si además de estas inquietudes, se duda de la propia capacidad de poder resolver los asuntos financieros o de disciplinar a los hijos cerca o “a distancia”, la experiencia de divorcio se vuelve más angustiante. Sin embargo si lo que queda en la relación es solamente dependencia financiera o dependencia afectiva para la educación de los hijos, el matrimonio empieza a perder su verdadero propósito.

Otro aspecto a considerar, antes de tomar la decisión de divorciarse es reconocer que éste implica un duelo, es decir, una pérdida. Muchos de los que han pasado por este proceso lo describen como aún más doloroso que la muerte de un padre. No obstante, en estos aspectos no se pueden hacer generalizaciones, pues aunque para una gran mayoría sea como un duelo, cada duelo tiene sus propias características y cada pareja o persona lo vivencia en una forma única.

Se reconoce el divorcio como un duelo en la medida en que se pierde al otro, se pierde la intimidad o complicidad que pudo haber existido tiempo atrás, se pierde el hogar, a veces la casa, los objetos obtenidos por ambos con esfuerzo de uno o de ambos y uno de los dos pierde por lo general la diaria convivencia con los hijos. Muchas veces los amigos de ambos dejan de ser amigos de uno de los miembros o a veces hasta se alejan de los dos. Y la lista puede continuar, pues si el proceso es demasiado complicado y discutido, se puede llegar hasta perder la estabilidad emocional y/o la alegría de vivir.

El matrimonio representa a dos seres comprometidos en una empresa. En ese mismo sentido, el divorcio es responsabilidad de ambos sin importar si uno de los dos fue infiel, toma trago, indiferente o violento. Por esto, es importante dejar de culpabilizar al otro o de culpabilizarse solo usted. Si el matrimonio terminó, en parte es porque faltó compromiso de ambos, algo fallo en cada uno. Eso no implica que en el futuro usted seguirá equivocándose. Es necesario hacer una evaluación de lo sucedido desde el proceso de noviazgo, comprender qué lo atrajo de esa persona, qué conoció de él o ella, y aceptó, aunque fuera difícil convivir con ese defecto o comportamiento que tenía…Tal vez usted pensó que lograría cambiarlo (la), entonces, qué le hizo pensar que usted podría cambiar a otra persona? El reconocer que usted es responsable le ayudará a superar mejor esa perdida o duelo, pues con culpa no se resuelve nada; pero el reconocer sus fallas como las fallas del otro, le ayudará a comprender mejor lo sucedido y a empezar a trabajar en el cambio de esos aspectos o defectos propios que afectaron su matrimonio.

Aún más importante es evaluar todos los maltratos verbales o físicos que usted aceptó desde el principio del matrimonio.Según un estudio realizado en Estados Unidos por Schumacher y Leonard (2005), si un miembro de la pareja (esposo o esposa) fue agresivo con el otro(a) un año antes del matrimonio esto predice la agresión del mismo o del otro durante el primer año de matrimonio. En este sentido, la evaluación de todo el proceso vivido con su pareja le permitirá ser más cauteloso en su próxima relación, tomarse más tiempo para conocerla y reconocer que aquello que acepte desde el noviazgo determinará en cierta forma el futuro de la relación.

Sin embargo otro aspecto que afecta hoy en día a las parejas es el lugar que se le da al otro. Si para alguno de los dos el trabajo es “más importante” y el tiempo otorgado al otro es mínimo, esto afectará la relación. Por lo tanto es fundamental que después del divorcio establezca claramente sus prioridades. El dinero, los viajes, el éxito profesional, etc., son interesantes y proporcionan placer pero sobretodo cuando tenemos con quien compartir.

En conclusión son muchos los aspectos personales, de pareja y sociales a considerar cuando se produce un divorcio y diversas las circunstancias individuales.Por lo cual es aconsejable, cuando el dolor es demasiado profundo y difícil de manejar que busque ayuda profesional si está atravesando por esta experiencia del divorcio o si está considerando tomar la decisión de divorciarse.


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